Principio de Impugnación
Ésta es posiblemente la tarea argumental más difícil, y por ello suele ser la parte más débil de muchos argumentos. Un argumento no puede ser un buen argumento si no anticipa y rebate de forma efectiva las críticas a la posición que defiende; y para que sea completo, debe incluso rebatir los argumentos de la posición contraria.
Casi cualquier argumento puede vestirse bien, con premisas relevantes y aceptables, y puede parecer convincente si no se enfrenta a las objeciones más importantes que pueden presentársele. Es lo que se denomina advocacy (es decir, abogar por): presentar sólo aquellas cuestiones que apoyan a una determinada causa, haciendo caso omiso de las objeciones y los argumentos en contra que otros plantean. Por tanto, uno de los elementos clave para distinguir un buen argumento es fijarse en cómo desarrolla el Principio de Impugnación.
El hecho de que puedan construirse argumentos igual de atractivos en defensa de posiciones diversas frente a una misma cuestión - siempre que omitan el Principio de Impugnación - es lo que explica que mucha gente dude de la utilidad de la argumentación para resolver controversias. Parecería que todo puede acabar en tablas y sujeto sólo a opiniones. Pero no parece posible que dos argumentos presentados en defensa de posiciones contrarias puedan ser, ambos, buenos argumentos, ya que por lo menos uno de ellos no podrá satisfacer el criterio de impugnación. Probablemente, sólo una de las partes podrá responder con efectividad las objeciones de la otra. De otra forma, nos encontraríamos con que dos posiciones contradictorias merecerían ser aceptadas, algo inaceptable, tanto por lógica como por cuestiones prácticas.
¿Qué puede considerarse una objeción seria? Será aquella que una persona razonable, aplicando los criterios del Código de Conducta Intelectual y otros aquí descritos, considere que parece suficientemente importante como para que deba ser respondida. De hecho, ya hemos dicho que un buen argumento debe incluso anticiparlas.
¿Qué entendemos por una refutación efectiva? Será aquella respuesta que una persona razonable, aplicando los criterios del Código de Conducta Intelectual y otros aquí descritos, acepte que destruye la fuerza de la objeción presentada. Es decir, que haga que la objeción ya no se considere seria o relevante.
La impugnación de la posición contraria debe ser la principal fuerza motriz que dirija la construcción de todo argumento. De esta forma tendremos siempre presente que no podemos terminar nuestro argumento hasta no haber refutado todos los contraargumentos.
Desafortunadamente, el criterio de impugnación es de los más violados en todo proceso de discusión, por varias razones. Porque no se nos ocurran respuestas efectivas a las objeciones y por ello prefiramos no mencionarlas; porque no queramos considerar argumentaciones contrarias a la nuestra para no debilitarnos a los ojos del oponente; o porque estemos tan convencidos de nuestra posición que ni siquiera creamos que puede haber otra distinta.
Sean cuales sean las razones, un argumento que no contemple posibles objeciones no puede ser un buen argumento, ya que para convencernos de algo tenemos que analizar primero todas las evidencias, incluídas las que parezcan apoyar posiciones contrarias.
Hay varias tácticas que se suelen utilizar para soslayar la responsabilidad de refutar al contrario. Por ejemplo: distorsionar su posición o sus críticas, o sacar a relucir objeciones triviales, o mezclar un asunto colateral, o recurrir al humor o a la ridiculización. También, ignorando o negando las contraevidencias y, finalmente, la más utilizada, atacando al crítico en lugar de a su crítica. Todo ello no son más que formas de eludir la responsabilidad de responder honestamente a nuestros oponentes.
Para valorar el cumplimiento de este principio, podemos plantearnos varias preguntas:
- ¿Cuáles son los argumentos más sólidos en contra de la posición que defendemos?
- ¿Rebatimos eficazmente estos argumentos en el nuestro?
- ¿Qué objeciones serias a nuestro argumento pueden plantearse?
- ¿Respodemos a estas objeciones en nuestro argumento?
- ¿Demostramos por qué los argumentos de la posición contraria son deficientes?
y lo mismo podemos preguntarnos del argumento del contrincante.

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