Recurso a los Sentimientos
Definición: Esta falacia consiste en intentar persuadir a otros explotando sus sentimientos más profundos o manipulando sus actitudes positivas o negativas hacia ciertos grupos, personas o ideas, en lugar de presentar razones que avalen la posición que se defiende.
Se conoce también esta falacia por Hablar para la Galería, refiriéndonos a que a menudo resulta fácil llegar a las masas manipulando sus sentimientos. Este recurso no tiene sitio en una buena argumentación porque las premisas tienen que ser relevantes y las que recurren a los sentimientos no tienen relación alguna con el mérito de la conclusión.
Explotar los sentimientos y las actitudes es emplear métodos efectivos pero injustos para controlar, servirse o beneficiarse para conveniencia propia de los sentimientos de los demás. Las emociones que suelen explotarse más a menudo son el miedo, la envidia, los celos, el odio, el amor, la codicia, el sentimiento de culpabilidad, o la vergüenza. Suele sacarse partido de sentimientos positivos como el patriotismo, la seguridad nacional, la lealtad a un grupo o la superioridad militar o moral, y también de sentimientos negativos en contra de los impuestos, los sindicatos, o los capitalistas, o los políticos, los homosexuales, las feministas, los comunistas, etc. La elección de a qué sentimientos recurrir la hace quien así argumenta según la audiencia a la que se dirige.
Hay dos tipos de tácticas que merecen una mención especial. La primera es el recurso a la vergüenza. Consiste en crear un sentimiento de culpabilidad a una persona o a un grupo por mantener una opinión que no concuerda con la de la mayoría o por actuar de una determinada forma, sin demostrar por qué habrían de sentirse culpables. La segunda es el recurso a la lealtad de grupo. Intenta persuadir a una persona en razón de su identificación o de su pertenencia a un grupo social que acepta un determinado punto de vista.
La explotación de los sentimientos es más efectiva cuando se dirige a colectivos poco informados o poco críticos, aunque incluso las personas más reflexivas pueden caer en esas trampas cuando se dirigen a sus propios sentimientos o actitudes. Debemos por tanto esforzarnos en no permitir que nuestros sentimientos entorpezcan nuestra capacidad de juicio.
Ejemplo Simple
Soy una persona mayor, debería darle vergüenza cobrarme por cortarme el césped.
Alguien puede decidir hacer un favor a otra persona, pero nadie debería sentirse obligado a hacerlo sólo porque se trata de una persona mayor.
Impugnación de la Falacia
No sólo debemos procurar no dejarnos convencer por nuestros sentimientos, sino que no deberíamos permitir que quienes lo intenten crean que han ofrecido alguna razón relevante. Podemos, por ejemplo, decir que nos sentimos incapaces de evaluar o responder a su argumento si no se nos ofrecen más razones. Si nuestros sentimientos coinciden con los de la otra parte, podemos admitirlo abiertamente, pero informándole que no permitiremos que nuestros sentimientos entorpezcan un análisis serio de la cuestión. En otras palabras, demostrarle que esperamos más razones.
Ejemplos Comentados
Se conoce también esta falacia por Hablar para la Galería, refiriéndonos a que a menudo resulta fácil llegar a las masas manipulando sus sentimientos. Este recurso no tiene sitio en una buena argumentación porque las premisas tienen que ser relevantes y las que recurren a los sentimientos no tienen relación alguna con el mérito de la conclusión.
Explotar los sentimientos y las actitudes es emplear métodos efectivos pero injustos para controlar, servirse o beneficiarse para conveniencia propia de los sentimientos de los demás. Las emociones que suelen explotarse más a menudo son el miedo, la envidia, los celos, el odio, el amor, la codicia, el sentimiento de culpabilidad, o la vergüenza. Suele sacarse partido de sentimientos positivos como el patriotismo, la seguridad nacional, la lealtad a un grupo o la superioridad militar o moral, y también de sentimientos negativos en contra de los impuestos, los sindicatos, o los capitalistas, o los políticos, los homosexuales, las feministas, los comunistas, etc. La elección de a qué sentimientos recurrir la hace quien así argumenta según la audiencia a la que se dirige.
Hay dos tipos de tácticas que merecen una mención especial. La primera es el recurso a la vergüenza. Consiste en crear un sentimiento de culpabilidad a una persona o a un grupo por mantener una opinión que no concuerda con la de la mayoría o por actuar de una determinada forma, sin demostrar por qué habrían de sentirse culpables. La segunda es el recurso a la lealtad de grupo. Intenta persuadir a una persona en razón de su identificación o de su pertenencia a un grupo social que acepta un determinado punto de vista.
La explotación de los sentimientos es más efectiva cuando se dirige a colectivos poco informados o poco críticos, aunque incluso las personas más reflexivas pueden caer en esas trampas cuando se dirigen a sus propios sentimientos o actitudes. Debemos por tanto esforzarnos en no permitir que nuestros sentimientos entorpezcan nuestra capacidad de juicio.
Ejemplo Simple
Soy una persona mayor, debería darle vergüenza cobrarme por cortarme el césped.
Alguien puede decidir hacer un favor a otra persona, pero nadie debería sentirse obligado a hacerlo sólo porque se trata de una persona mayor.
Impugnación de la Falacia
No sólo debemos procurar no dejarnos convencer por nuestros sentimientos, sino que no deberíamos permitir que quienes lo intenten crean que han ofrecido alguna razón relevante. Podemos, por ejemplo, decir que nos sentimos incapaces de evaluar o responder a su argumento si no se nos ofrecen más razones. Si nuestros sentimientos coinciden con los de la otra parte, podemos admitirlo abiertamente, pero informándole que no permitiremos que nuestros sentimientos entorpezcan un análisis serio de la cuestión. En otras palabras, demostrarle que esperamos más razones.
Ejemplos Comentados

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